Joaquín Cortés: vuelve con Mi soledad

Publicado en General el 19 de Noviembre, 2007, 12:52 por culturartespectaculos2007@yahoo.com.ar

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Joaquín Cortés: vuelve con Mi soledad

"Revolucioné el flamenco con mi estilo"

Orgulloso de sus logros, el andaluz que sedujo a Plisetskaya, Almodóvar y Björk bailará pasado mañana en el Luna Park

 

Joaquín Cortés dice que, cuando baila, toda la vida le pasa por delante de los ojos: su infancia, la casa donde vivía en un suburbio de Córdoba, los amigos, las fiestas familiares, el baile de su tío, Sevilla toda aplaudiendo de pie en el Teatro de la Maestranza y todos los momentos, muchos de tristeza y alegría, que vivió en estos 38 años de una juventud acelerada y un estrellato meteórico. Con sólo 17 años, ya era solista estrella del Ballet Nacional de España y rápidamente -con su taconeo impactante, su figura esmirriada, su ángel gitano y su torso descubierto como un antiguo hechicero- encandiló al mundo del flamenco, de la danza contemporánea, del cine, la música pop y la moda hasta poner a sus pies figuras de la talla de Maya Plisetskaya, Pedro Almodóvar, Björk y Jean-Paul Gaultier, quien realizó personalmente el diseño de vestuario de su nuevo espectáculo, Mi soledad , que presentará pasado mañana en el Luna Park.

En un hueco de su imposible agenda atiende a LA NACION. Todavía agitado por una conferencia de prensa que acaba de terminar, este gitano universal declama sin ruborizarse y con acierto: "¡Hombre, que le di la vuelta al flamenco! Revolucioné esta danza con un estilo personal, que universalizó nuestro arte llevándolo a todos lados. Son 26 años de carrera y mis obras han dado la vuelta al mundo para mostrar nuestra cultura", dice este enfant terrible de la danza.

Cortés no peca de soberbio. Creó su propia compañía a los 19 años, con la que lleva montados siete espectáculos -entre los que se destacan Pasión gitana y Live -, que fueron vistos por millones de personas en los cinco continentes y se pasea por las capitales del mundo como si fuera una estrella de rock capaz de llenar estadios para 60 mil personas.

-¿Cuál es el secreto de tu popularidad?

-Desde los 12 años que me estoy preparando para esto. Todo en la vida se trata de esfuerzo, y yo trabajo mucho día y noche para lograr la máxima calidad y el disfrute en mis espectáculos. El baile forma parte de mi vida y por eso en lo que hago se mezcla la pasión, la técnica adquirida y, por supuesto, la inspiración. Si no hubiera tenido inspiración, no hubiera escrito esta historia en los últimos años.

El andaluz, que tiene el empuje nómada de su raza, abandonó su casa paterna en Córdoba a los 12 años, para ir a estudiar danza en Madrid. Al poco tiempo viajaba en aviones en primera clase y comía en restaurantes cinco estrellas. Pero todavía no había alcanzado su techo. En 1992, tras abandonar el Ballet Nacional de España y en una gala en el teatro Champs-Elysées de París, donde había participado junto a otros bailarines como Plisetskaya, Sylvie Guillem y Peter Schauffuss, el director del teatro lo invitó a presentarse con un espectáculo propio. "Yo no tenía nada: ni vestuario ni elenco, y de la noche a la mañana armé mi compañía flamenca", dice, y recuerda su audacia de adolescente.

El debut con el espectáculo Cibayi fue el comienzo del emporio Cortés. Su baile se salía de los cánones tradicionales del flamenco, fusionaba géneros y tenía puestas espectaculares, que lo llevaron a ser comparado con un Nureyev gitano y artistas pop, como Michael Jackson. Pero ese andar por las pasarelas de la mano de Naomi Campbell y las tapas de revistas de moda le valió la crítica de los sectores más puristas del baile. Sin importarle los comentarios a favor y en contra, el muchacho siguió para adelante, como su raza, y también incursionó en el cine y provocó más comentarios. Fue el ladrón simpático que bailaba una incestuosa coreografía con Manuela Vargas (en el papel de su madre) en La flor de mi secreto, de Almodóvar; después sorprendió a los especialistas con esa farruca endemoniada que mostró en Flamenco, de Carlos Saura. "Todas esas experiencias en el cine me han gustado mucho porque para mí todo el tiempo es aprender cosas nuevas. Que Pedro Almodóvar haya escrito ese papel para mí fue todo un honor. El cine me divierte y siempre dejo una puerta de abierta para hacer otras cosas, además de bailar", comenta entusiasmado el gitano.

Miedos de un hombre solo

Como coreógrafo, bailarín y artista mediático, Joaquín sigue buscando la forma de renovarse todo el tiempo. Pero está más tranquilo, menos provocador, y en vez de impactar prefiere profundizar. Tres años lejos de los escenarios le sirvieron para montar el nuevo espectáculo, Mi soledad , que con su debut el año pasado se ganó muy buenas críticas de los medios españoles. En este montaje indaga en la experimentación de la danza contemporánea y la fusión con los palos flamencos, con una escenografía minimalista y la potencia de un grupo de 18 bailarines y músicos. "Es un espectáculo de dos horas sin descanso -señala el bailarín-. He querido profundizar en el estado de ánimo de un hombre solo en su habitación, que aprende a vivir con sus miedos e inseguridad. La expresión es a través de una danza más contemporánea y teatral, donde está todo lo mío puesto. La escenografía son nuestros cuerpos bailando. No hay más. Y en el baile sigue estando ese mestizaje, donde aparecen otros elementos de la clásica y la contemporánea, pero también esos sonidos flamencos que me permiten volver todo el tiempo a los orígenes de mi raza."

Relacionado personalmente con diseñadores de moda como Valentino, Dolce & Gabbana, Giorgio Armani, (que fue su padrino artístico y realizó el vestuario de sus espectáculos durante diez años) y Jean-Paul Gaultier, que diseñó su vestuario para Mi soledad , Cortés entró en sectores poco habituales para el género flamenco.

"Mucha gente me preguntaba por qué se me había ocurrido convocar a diseñadores, y yo le decía: «¿Por qué no?». Para mí, el vestuario conformaba conceptualmente parte importante de mis espectáculos y desde que aparecí con mi compañía tuve la suerte de que los diseñadores se acercaran primero a mí. Cuando comencé a viajar, conocí a Armani, que fue mi maestro. Ahora empecé a trabajar con Gaultier. Para mí, tenerlos como colaboradores es un placer, porque el vestuario es tan importante como la coreografía. Yo quería una estética bien colorida para este show y Gaultier me entendió a la perfección. Lo que se busca, como el norte, es la calidad y el máximo disfrute visual y sensitivo", apunta el coreógrafo.

La imagen de Joaquín Cortés en todo el mundo es la del gitano exitoso, que eludió como un malabarista el destino errante y fatal del pueblo romaní, desperdigado por el Viejo Continente. Acompañado por la fama, el bailarín creó fundaciones para la promoción artística de los jóvenes de su comunidad y buscó cambiar la imagen estereotipada del gitano. "La realidad es que como pueblo ya no somos una minoría. Sólo en Europa hay más de 15 millones de gitanos. Cuando me ofrecieron ser embajador del pueblo romaní me pusieron como la imagen visible del gitano universal. Fue una manera de mostrarme como un estandarte para que se viera que hay muchos gitanos trabajadores como yo, y que no se viera reflejado sólo el estereotipo del ladrón. Todavía hay un pueblo invisible, que intenta sobrevivir de otra manera, con mucho arte. Y somos muchos."

Cortés tuvo suerte y empeño. Descubrió su pasión de pequeño, alentado por su tío Cristóbal Reyes, que bailaba profesionalmente. En su memoria, esa imagen quedó marcada a fuego. "Quise ser bailarín por mi tío; él me metió en este mundo. Me fascinaba su imagen y fue quien me inculcó el cariño por el baile. Yo lo admiraba."

-¿Encontrás gente de tu generación que admires?

-Todos los días sale gente nueva, y eso es muy bueno, pero es más difícil que aparezca un artista distinto, que haga escuela, como un Antonio Gades. No todos los días salen señores que se quedan en la leyenda. Yo veo muchos niños que por ahí no llegan nunca. Es que no todos los días te encuentras con unos Rolling Stones.

-Pero ¿a vos te pasó?

-Yo vengo de una clase humilde y nunca jamás pensé que iba a llegar a este lugar. Pero lo importante es tener los pies en la tierra y poder hacer mi aporte en el mundo de la cultura; que pueda despertar emociones y sentimientos con mi baile. No sé qué pasará conmigo. Por ahora, sólo soy un gitano que piensa para adelante.

-¿Qué sentís cuando bailás?

-Es difícil de explicar, pero es una sensación fuera de este mundo. Me pasa toda la vida. Me acuerdo de mi infancia, los olores a chocolate de la cocina de mi abuela, mi rebeldía, lo que he viajado, lo que he descubierto, los amigos, la familia, las vivencias y, sobre todo, los dolores y las alegrías de la vida.

 

Como una estrella de rock, Cortés recorre el mundo con un programa que fusiona danza contemporánea con palos flamencos

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