1 de Julio, 2007


Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina comenzaron juntos su gira

Publicado en General el 1 de Julio, 2007, 12:05 por culturartespectaculos2007@yahoo.com.ar

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Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina comenzaron juntos su gira

Un par de "pájaros" con talento y energía

Anteanoche estrenaron en España el espectáculo en dúo que traerán a la Argentina en noviembre

 

Serrat y Sabina compartieron repertorio y risas

El verso, tantas veces cantado en aras de esa fiesta capaz de conmoverlo todo, encaja con toda su contundencia: "Por una noche se olvidó que cada uno es cada cual". Así, sobre el escenario gris y negro montado en el polígono deportivo de esta ciudad, con capacidad para 8000 personas apretadas como sardinas en lata, esos dos gigantes que son Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina brillaron juntos, por primera vez, en un show extraordinario en el que fueron capaces de fundir no sólo talento y energía, sino también público –cada uno con el suyo– y, de paso, prestarse mutuamente repertorio.

"Dos pájaros de un tiro" se llama el espectáculo que acaba de empezar y que llegará a nuestro país con varios conciertos programados, luego de recorrer 60 ciudades españolas y de América latina durante los próximos seis meses. Toda una aventura en ruta para estos dos "sobrevivientes", que ahora comparten también la más entusiasta gratitud por estar vivos, tras un calvario personal de hospital. Serrat, por un cáncer; Sabina, por un ictus cerebral y la depresión, la "nube negra", como dice él, que le dejó después.

¿Cómo se ven ambos juntos y "bien revueltos" en este show inaugural?

Los papeles se reparten así: en la posición del hermano mayor, ese que comprende y tiene paciencia para orientar al menor y "bala perdida", un Serrat abuelo y de 63 años sorprende con una actitud desconocida. No sólo baila –y baila como nunca–, sino que incursiona en aquello a lo que prefirió escaparle en la sobriedad de sus puestas en solitario: esta vez, hasta se disfraza de pirata, se calza luego el bombín –el sello de identidad de su socio. Y después juega, juega con todo lo que le ponen a mano, ya sea una máquina de fotos con las que apunta al público "para probar que lo tiene", o unos platillos para meter ruido. Y él, que todo lo ensaya y todo lo ajusta, se olvida de las letras. "¡Ay, no! ¡Así no era!", dijo –hasta en tres ocasiones– al atacar temas de su compañero. Es, de alguna manera, el "efecto Sabina" sobre este catalán, incansable buscador de utopías.

A su lado, un Sabina de 58 –pero que en un gran momento personal parece infinitamente más exultante– baila, provoca, suelta cuchillos y rebeldías con su voz de rufián. Hasta que, cuando llega el momento, se le acaban la anarquía y las pedradas, para inclinarse reverente ante quien reconoce como maestro. Y, por ejemplo, guarda respetuoso silencio y no se atreve más que a ensayar un tímido coro cuando –al promediar el espectáculo– el otro canta en solitario ese grito colectivo que es "Mediterráneo". Y Sabina lo aplaude, desde el otro extremo del escenario. Es, de alguna manera, el "efecto Serrat" sobre este andaluz inconformista que, ante el señorío del otro "pájaro", mantiene su acidez pero se atreve a volverla más tierna, más porosa.

Como el de la amistad, ése es el lenguaje con el que los dos cantautores se hablan en escena; un idioma tan rico en la contundencia de la provocación –"éste sí que está arruinado", dirá más de una vez el uno del otro– como en la sutileza de lo que no se dice.

"¡Que se besen, que se besen!", pidió, desconocido por su entusiasmo, el público de esta misma tierra que alumbró a Goya. Habían pasado dos horas de espectáculo, y antes del primer bis que, seguramente por idea del catalán, fue "Lucía"– tomó Serrat entre sus manos la cara de Sabina, que se dejó. Y ahí fue el beso. Y la ovación que agradeció el encuentro de los dos artistas.

En "Dos pájaros de un tiro" hay momento para todo, menos para el descanso. Se encienden las luces y, sobre un taburete, un reflector ataca el bombín de Sabina, como un guante para recoger. Aparecen los dos desde el fondo y la oferta empieza a puro rock, con música del andaluz –"Ocupen su localidad"– y letra del catalán, "Hoy puede ser un gran día".

Es la fusión total, pero sólo por un rato. Luego, cantarán solos. Primero, canciones propias. Serrat ataca con "Me gusta todo de ti" y "Toca madera" mientras que Sabina apuesta por "Peces de ciudad" y luego le saca ventaja al catalán al llevarse, con "Princesa", la primera gran ovación de la noche. Pero la fiesta llega con el desconcierto que siembran al cantar a dúo. Por ejemplo, el público de Serrat suspira –como siempre, con esa gimnasia ganada a fuerza de conciertos– cuando suenan los primeros acordes de "Pequeñas cosas". Pero la sentida balada se vuelve rock cuando se suma Sabina. Y, sin perder emoción, gana fuerza, y más que en lágrima, esas "Pequeñas cosas" se vuelven un puñal que Sabina clava en el corazón.

Siguen las fusiones. Se atreve luego Sabina con "Señora" –tan de Serrat– y Serrat se la juega con "19 días y 500 noches", tan de Sabina. Y el público estalla, y ellos destilan felicidad mientras juntan todos los temas, los deshacen, y los devuelven pasados por todos los ritmos: hay balada, rock, copla flamenca, bolero y hasta un par de corridos mexicanos, que tanto entusiasman al andaluz.

Llegó el final con "Y nos dieron las diez", del andaluz. Pero no hubo caso. La ceremonia del bis tuvo cuatro capítulos. Era ya casi la una de la mañana de una noche inolvidable.

Dos que estaban de parranda

Sus amigos dicen que es por generosidad. Lo cierto es que Serrat y Sabina optaron por hurgar en cajón ajeno y extraño a su propio repertorio como autores para encontrar el tema que diera el tono del concierto.

El elegido fue "El muerto vivo", del rumbero catalán Peret, que, como anillo al dedo, hace una parodia de la confusión de quienes por error toman por muerto a quien tal vez, como ellos mismos, en realidad, estaba de parranda.

No fue por azar. Ellos mismos han visto hace poco y bien de cerca el rostro de la muerte, y lo esquivaron. Se consideran supervivientes, y esa condición –a la que Serrat alude con humor cuando habla de una "gira de desechos"– es la experiencia más poderosa que ahora los une tras muchos años de amistad.

Ellos bromean y dicen que han puesto una empresa conjunta. "Taller de Ultramarinos Finos", dicen que se llama. Pero el catalán dice que es sólo por un rato.

"Este es el debut y despedida de Serrat y Sabina. Luego cada uno seguirá haciendo su camino por separado, como siempre", dijo, apenas empezado el show. Fue entre sonrisas, claro. Pero fue.

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Lázaro Sergio Kowiensky
Periodista/Webmaster